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Encuestas a hombres de distintos países muestra la triste preferencia por las mujeres muy delgadas

Ciencia

Por: Pijama Surf - 07/13/2017

¿Estereotipo o genética evolutiva? Según los investigadores de este estudio, la delgadez podría sugerir un organismo sano y óptimo para reproducirse

Desde que el mundo conoció la evolución gracias a Darwin, los resultados de numerosos estudios han intentado explicarse desde la lógica evolucionista. Es decir, una investigación puede hablarnos de  propensiones, aunque no necesariamente nos resuelve el por qué de ellas; y es ahí cuando surgen teorías, por parte de los estudiosos, que involucran a la evolución que se transmite vía genética.

Lo anterior se ha asociado enormemente a los gustos estéticos. Seguro has escuchado (y numerosos estudios apuntan a) que la mayor parte de los hombres heterosexuales prefiere a las mujeres curvilíneas, ya que ello podría ser un indicador de fertilidad. Pero una nueva investigación sugiere completamente lo contrario.

En ésta participaron 11 investigadores de distintas instituciones, entre ellas la Universidad de Aberdeen, en Gran Bretaña, y se hizo una encuesta a hombres de diferentes continentes y culturas (incluyendo países como China, Irán, Nigeria, Sengal, Kenia, Mauritania, entre otros).

Según los resultados, la gran mayoría de los encuestados encuentran más atractivas a las mujeres delgadas (que rayan en el "muy delgadas"). De acuerdo con John Speakman, uno de los investigadores, ello respondería a una propensión de "fitness evolutivo", en el sentido de que podría tratarse de personas más sanas:

Una buena figura en términos evolutivos comprende dos cualidades: supervivencia y la habilidad de reproducción. (…) Lo que deseábamos investigar es la idea de que cuando miramos a una persona y nos resulta atractiva, ¿estamos de hecho haciendo una valoración basada en un entendimiento evolucionista de nuestro potencial para nuestra futura supervivencia y habilidad reproductiva?

Ahora, siendo que esta investigación contradice los muchos estudios que apuntan a la misma teoría pero refiriendo la preferencia por los cuerpos curvilíneos de las mujeres, nos queda la duda de si verdaderamente es una función de supervivencia o, más bien, se trata de que el forzado estereotipo de la mujer ultradelgada ha llegado a casi todos los rincones del planeta.

El síndrome del orgullo es verdadero y se manifiesta cuando la persona con poder se siente poderosa

En numerosas tradiciones místicas se ha advertido de la importancia de llevar una vida sencilla para cultivar la simpleza de espíritu y, con ello, alcanzar más fácilmente la virtud.

Pero más allá del tabú cultural hacia el poder, de sus mieles que hacen perecer la razón y la sensibilidad (está comprobado que el poder es tan adictivo como la cocaína), ¿qué tan sano es? Cuando se experimentan altos niveles de poder se pierde la empatía, la capacidad de sentir a los demás y disminuye la acción de las determinantes neuronas espejo --no podríamos tener relaciones significativas ni intercambios profundos si prescindiéramos de las neuronas espejo, también llamadas neuronas de la empatía.

 

El poder de la burbuja

Es paradójico, ya que las personas que ejercen el poder toman decisiones que conciernen a la vida de millones de personas, y, al mismo tiempo, mientras más poder experimenta un individuo tiene menos capacidad de empatía. ¿Por qué?

Uno de los motivos es la burbuja. Las personas con mucho poder generalmente se rodean de gente que se beneficia de ese poder, como empleados o negociantes, lo que privilegia un ambiente de condescendencia que empodera más el ego del individuo.

Aunque más allá del nivel de poder de la persona, el verdadero problema pareciera radicar en el valor que le confiere. Es decir, lo que mata la empatía es sentirse poderoso. A la pérdida de empatía como resultado del poder se le llama síndrome del orgullo y ha sido estudiado desde hace décadas. Uno de sus analistas ha sido Jonathan Davidson, quien lo define así:

Es un desorden de posesión del poder, particularmente cuando está asociado a un gran éxito, sostenido por pocos años y poca coacción de un líder.

Este síndrome, a grandes rasgos, se manifiesta en desprecio por otros, pérdida de contacto con la realidad, acciones impulsivas y demostración pública de la incompetencia de otros.

Un estudio de la Universidad de Ontario arrojó, gracias a mediciones por resonancia magnética, que los individuos con poder tienen menor capacidad de detectar las emociones de otros en fotografías, o bien, la activación de sus neuronas espejo es mucho menor.

Y aunque quizá lo mejor sea simplemente no comprar la idea de que el éxito es reconocimiento, y que mantengamos sanas nuestras mentes dando valor a la historia de cada persona, aparentemente la verdadera diferencia está englobada en qué tan poderoso se siente el poderoso.

Y tú, sea cual sea tu posición social, ¿te sientes poderoso?