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Esta es la extraña reacción de los hombres heterosexuales ante los besos entre homosexuales, según la ciencia

Ciencia

Por: Pijama Surf - 07/07/2017

En pruebas de estrés en muestras de saliva, hombres que se consideran libres de prejuicios reaccionaron de una manera inesperada al ver imágenes de afecto homosexual

El camino de la liberación sexual ha sido muy castigado. El siglo XX, sin duda, fue un gran acelerador para este tema, en parte gracias a los movimientos pro libertad que se generaron en muchas aristas, entre ellas la política y la femenina. Al tema de la diversidad sexual, sin embargo, incluso en países considerados como progresistas, aún le falta mucho camino por recorrer.

Como ejemplo, un reciente estudio de investigadores de la Universidad de Nueva Escocia en Canadá encontró que en la mayor parte de los hombres heterosexuales que vieron imágenes de homosexuales besándose se detonó estrés, el cual  fue encontrado en muestras salivales. El total de los participantes fue de 120.

Incluso en los hombres que habían reportado no tener prejuicios homofóbicos se produjo estrés. En el experimento se les mostraron imágenes desagradables, además de escenas románticas entre homosexuales. En la mayor parte de los casos, la segregación de estrés se dio ante las imágenes de los dos tipos.

En entrevista para PsyPost, la investigadora Karen L. Blair advirtió que este tipo de estrés de ningún modo puede vincularse a violencia o discriminación explícitas. Esta respuesta responde quizá a un prejuicio cultural que aún existe incluso en aquellos que creen que no lo tienen, y que se manifiesta sólo por pocos segundos. Sí: al parecer, nos falta mucho más camino por recorrer en el reconocimiento de la diversidad sexual.

El antecesor del LSD provocó una epidemia que acabó con 40 mil personas

Ciencia

Por: PijamaSurf - 07/07/2017

Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo (del francés "ergot", que quiere decir "espolón", como sinónimo del hongo)

El ácido lisérgico, uno de los componentes fundamentales de alcaloides del cornezuelo de centeno y de la dietilamida de ácido lisérgico (LSD, por sus siglas en inglés), se caracteriza por provocar visiones, pesadillas y una enfermedad similar a la peste: el ergotismo. Fue, de hecho, causante de 60 mil muertes en la Castilla de la Edad Media. 

Esta comunidad española, en su momento la potencia económica de Europa, solía ser la principal productora de cereales en la península ibérica. Entre los productos más consumidos por el vulgo debido a su económico precio se encontraba el centeno, del cual surgían unas pequeñas protuberancias llamadas cornezuelos que se desarrollaban en sus espigas. Se trataba de unos hongos de colores blanquecinos y eventualmente negroazulados, los cuales provocaron una epidemia que se comparó con la peste por el alto costo de vidas que produjo, así como por la prolongación temporal con la que impactó en la población. Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo –del francés ergot, que quiere decir “espolón”, como sinónimo del hongo.

El ergotismo empezó causando gangrena tanto en las patas como en las colas de los animales, reduciendo la producción de leche e incrementando la tasa de muerte de los mismos; después, los humanos que consumían el cornezuelo a través del pan de centeno solían ser víctimas no sólo de gangrena, quemazón y dolores en las extremidades sino también de alucinaciones, convulsiones y trastornos de la personalidad. En su momento, de hecho, se acusó a los afectados de hechicería, pues las alteraciones mentales eran vistas como prácticas del Diablo, así como de sufrir algún castigo divino debido a los ardores del “fuego sagrado”. Al ergotismo se le llamó también y por consecuencia “el fuego de San Antonio”, pues en 1093 un noble del sureste francés, Gaston de la Valloire, fundó con su hijo Girondo la orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio. Ahí, en estos hôpitaux des démembrés (hospital de los desemembrados), se curaba a los enfermos de ergotismo y se exhibía como ofrenda los brazos, manos, pies y piernas que se habían amputado. 

Estos hospitales fueron un éxito pues no solían alimentar a los afectados con pan de centeno (sino con pan de trigo), por lo que la incidencia de enfermos se redujo considerablemente. Entre otros menjurjes para reducir los síntomas del ergotismo estuvo el “agua de San Antonio” (una mezcla de manteca de cerdo que se untaba en las heridas), así como el “vino de San Antonio” (elaborado con vides cultivadas y fermentado en reliquias del santo). Pero no fue sino hasta 800 años más tarde –en el siglo XVII– que el médico francés Thuillier relacionó el cornezuelo del centeno con el ergotismo; desgraciadamente, en 1926 hubo otra epidemia en los Montes Urales, en la antigua Unión Soviética, y en 1960 en Etiopía. Ahora sólo queda preguntarse: ¿es este el efecto tan temido del LSD?